¿Existe un acabado mejor que otro? La verdad es que no. Descubre por qué el maquillaje cambia de acabado y cómo elegir el tuyo según tu piel, no la moda.


Hubo un tiempo en el que el brillo en la piel era algo que había que corregir. Luego llegó una era en la que, si la piel no reflejaba la luz, parecía incompleta. Hoy, entre redes sociales, nuevas fórmulas y tendencias que cambian cada semana, el maquillaje parece tener reglas distintas todos los días. Lo curioso es que no es la piel la que cambia tan rápido, sino la forma en la que la miramos.
Y entonces nos preguntamos… ¿por qué el acabado mate, satinado y glow van y vienen como si fueran tendencias de moda?
Pues no solo estamos hablando de maquillaje, sino también de cultura, consumo y de la forma en la que entendemos la piel en cada época: control, naturalidad, bienestar o expresión. En este artículo te contamos la historia detrás de cada acabado y, sobre todo, cómo elegir el tuyo sin perseguir modas.
Cuando el mate era sinónimo de control y perfección
Durante años, el acabado mate fue el estándar. Piel sin brillo, sin poros visibles, sin textura. La idea de “piel perfecta” estaba ligada al control absoluto: nada se mueve, nada brilla, nada se nota. En ese momento, el objetivo no era que la piel se viera real, sino impecable.
Este auge vino acompañado de fórmulas más pesadas, polvos por todas partes, bases de alta cobertura y una estética muy pulida, donde la perfección visual se imponía sobre la naturalidad.
Con el tiempo, este mate extremo empezó a sentirse rígido y poco flexible. Aun así, nunca desapareció del todo: hoy sigue presente en versiones más suaves, pensadas para controlar el brillo sin apagar la piel.
Satinado: el punto medio que siempre vuelve
Cuando el mate empezó a cansar, apareció el acabado satinado. No buscaba eliminar el brillo por completo, pero tampoco exagerarlo. Es una piel con luz y movimiento, pero controlada.
Este acabado se caracteriza por verse menos como una máscara y más como piel real, con una textura visible y una luminosidad sutil en puntos estratégicos. Por eso, el satinado se convirtió en el favorito de quienes querían verse arregladas, pero no acartonadas.
El boom del glow: piel real y saludable
Con el auge del skincare, el glow se volvió el nuevo ideal. Ya no se trataba solo de maquillar, sino de mostrar una piel cuidada, luminosa y saludable. El brillo dejó de ser un error y se convirtió en una señal de bienestar: ya no ocultamos, sino que cuidamos.
Este acabado conectó con una narrativa más emocional: rutinas más ligeras, aceptación de la textura natural de la piel y una belleza más cercana a lo real. Sin embargo, como toda tendencia fuerte, también se llevó al extremo. No todas las pieles, climas o estilos de vida se sienten cómodos con un acabado luminoso durante todo el día, y eso también es válido.
Elegir un acabado no es seguir una moda
Aquí viene la parte más importante. Ningún acabado es mejor que otro. El acabado ideal no depende de lo que esté en tendencia, sino de cómo es tu piel, cómo se comporta a lo largo del día y qué tan cómoda te sientes llevándolo.
Hay días, climas y momentos para cada uno. Entender esto libera del impulso de cambiar de productos cada vez que aparece una nueva tendencia.
El mate volverá a tomar fuerza. El glow seguirá transformándose. El satinado seguirá apareciendo cuando estemos cansadas de los extremos. Pero tu piel, con sus necesidades y cambios, permanece. Al final, el mejor acabado no es el que está de moda, sino el que se siente bien en tu piel.